Por: Carlos Lizana Mardones 08 de enero del año 2026
¿Seguridad interna… o dominio externo?

El mantra repetido: “¡Es por la seguridad interna del país!” ¿Cuántas veces hemos escuchado esa exclamación desde los líderes del vecino del norte? La frase se repite como un eco, pero ¿es realmente protección lo que buscan, o un argumento para justificar su expansión?
El caso venezolano no es el final: La historia no se detiene allí. Otros países claman por intervención, y no es casualidad que quienes lo hacen sean aliados de Estados Unidos. ¿Defensa de la democracia… o alineamiento con intereses imperialistas?
- Recursos como excusa: Tierras raras, metales, combustibles. El mapa de la intervención no se dibuja en torno a valores, sino a recursos estratégicos. Cuando los caudillos internos se pliegan, la invasión militar puede esperar. Pero si no hay obediencia, la amenaza de bombardeos y ataques se convierte en opción inmediata. Los casos se repiten una y otra vez.
En este artículo se explorarán diversos casos concretos —con países, nombres y situaciones específicas— que permitirán al lector confrontar la evidencia y elaborar su propia conclusión sobre las verdaderas razones que motivan la presencia de Estados Unidos en la región.
Primer caso: En 1893, los intereses azucareros estadounidenses.
Temerosos de los aranceles y deseosos de asegurar la anexión de Hawái, orquestaron un golpe de Estado contra la reina Liliʻuokalani, con el apoyo de marines desembarcados del buque USS Boston bajo la autorización del ministro estadounidense John L. Stevens. El cultivo de azúcar era la principal industria hawaiana, y los empresarios buscaban eliminar los aranceles mediante el Tratado de Reciprocidad de 1875, que permitía un mercado libre de impuestos. Sin embargo, cuando Estados Unidos impuso aranceles protectores a su propio azúcar, los plantadores hawaianos vieron la anexión como la única forma de mantener su rentabilidad. La reina, por su parte, intentaba restaurar el poder de la monarquía y fortalecer la independencia hawaiana, lo que amenazaba directamente los intereses de los extranjeros y sus aliados.
El golpe fue liderado por el llamado Comité de Seguridad, conformado por residentes extranjeros principalmente estadounidenses y súbditos hawaianos de ascendencia estadounidense, quienes organizaron el derrocamiento de la monarquía. El 17 de enero de 1893, la reina Liliʻuokalani fue obligada a abdicar para evitar un derramamiento de sangre, y se estableció un Gobierno Provisional encabezado por Sanford B. Dole. Posteriormente, este gobierno proclamó la República de Hawái en 1894, con el objetivo explícito de lograr la anexión a Estados Unidos.
Segundo caso: 1898 Cuba
Incluso antes de que el acorazado Maine explotara en el puerto de La Habana aquel 15 de febrero de 1898, la opinión pública estadounidense ya seguía con atención la suerte de los revolucionarios cubanos que buscaban romper las cadenas coloniales de España. La tragedia del Maine no fue el inicio, sino el catalizador: un episodio que intensificó las tensiones entre Washington y Madrid, y que abrió la puerta a un discurso de “libertad” cargado de intereses estratégicos.
El 16 de abril, el Congreso norteamericano aprobó las Resoluciones de Beligerancia, reconociendo el derecho del pueblo cubano a ser libre e independiente. Un gesto que, en apariencia, se alineaba con la causa emancipadora, pero que en la práctica consolidaba la narrativa de intervención. El presidente William McKinley firmó el proyecto de ley cubano, ordenando a la Marina bloquear los puertos de la isla.
¿Defensa de la libertad o expansión imperial? La pregunta se instala como un eco incómodo. Porque detrás de las proclamas de independencia, se vislumbra la estrategia de una potencia que, más allá de la solidaridad con Cuba, buscaba asegurar su influencia en el Caribe y proyectar su poder hacia el Atlántico. Por lo cual estados unidos envía tropas para «liberar a cuba» de la tiranía española, con esto apoyando a Tomas estrada Palma, quien fue instalado como presidente entre (1902 – 1906). Posteriormente fue llamado traidor por Fidel Castro, al seguir los designios de estados unidos y nos los de la propia isla.
Importante es destacar que, era necesario para estados unidos la independencia cubana de España, ya que las empresas americanas corrían peligro, por lo que la intervención obtiene otra sazón, lo que le permite al lector sacar algunas conclusiones y hacer el análisis con lo que sucede hoy con Venezuela.
Tercer caso: Guam 1898, Esta isla fue colonia de España, hasta que, en el año 1898, cuando estados unidos envió su armada para «liberarla».
En 1898, la isla de Guam fue invadida y tomada por Estados Unidos de España, sin disparar un tiro, durante la Guerra hispano – estadounidense, convirtiéndose en territorio estadounidense tras el Tratado de París, un suceso clave que marcó el fin del dominio español en la isla y en Oceanía. La rendición fue pacífica porque la guarnición española desconocía la guerra y sus cañones estaban inservibles, por lo que interpretaron los cañonazos de un buque estadounidense como saludos de cortesía.
Contexto de la Invasión (1898)
- Guerra Hispano-Estadounidense: Estados Unidos atacó a España en 1898, y Guam, una posesión española estratégica en el Pacífico, fue un objetivo para asegurar rutas hacia Filipinas.
- La llegada estadounidense: El 20 de junio de 1898, el crucero USS Charleston, bajo el mando del Capitán Henry Glass, llegó a Guam.
- Confusión y rendición: Los españoles, sin saber que había guerra, no respondieron a los disparos de saludo del barco. Al ser informados por Glass, el comandante español se rindió sin resistencia, ya que no podía defender la isla. Lo que concluyo con un nuevo territorio no incorporando, con una base miliar estratégica en el pacífico.

Cuarto Caso: 1898, invasión a las Filipinas, de parte de estados unidos, con el pretexto de ayudarlos en su independencia de España, pero en realidad buscaban el control territorial.
Tras la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898, Estados Unidos ocupó Filipinas bajo el pretexto de apoyar su independencia. En realidad, el objetivo era asegurar el control territorial y estratégico del archipiélago, lo que desembocó en la brutal Guerra Filipino-Estadounidense (1899-1902). En este conflicto, Washington reemplazó el dominio español con una violenta ocupación que provocó la muerte de cientos de miles de filipinos.
Contexto de la invasión
- Fin del dominio español: La derrota de España en 1898 puso término a tres siglos de colonización en Filipinas.
- Independencia frustrada: Los revolucionarios liderados por Emilio Aguinaldo habían proclamado la república filipina en junio de 1898, tras expulsar a los españoles.
- Tratado de París (1898): Estados Unidos compró Filipinas a España por 20 millones de dólares, negando la independencia y consolidando su control.
- La Guerra Filipino-Estadounidense (1899-1902)
- Inicio del conflicto: La prohibición de entrada de las fuerzas filipinas a Manila desató la guerra de ocupación.
- Brutalidad y represión: La campaña estadounidense se caracterizó por tácticas de tierra quemada, campos de concentración, ejecuciones sumarias y violencia contra la población civil. Algunas estimaciones hablan de más de un millón de muertes.
- Objetivos estratégicos: Más allá del discurso anticolonial, EE. UU. buscaba establecer bases navales en Asia y expandir sus intereses económicos y geopolíticos.
Consecuencias - Sustitución colonial: Filipinas pasó de ser colonia española a posesión estadounidense, bajo dominación hasta 1946.
La Batalla de Cavite, el 1 de mayo de 1898, fue un combate naval decisivo en la Bahía de Manila (Filipinas) durante la guerra hispano-estadounidense, donde la flota estadounidense, moderna y superior, destruyó por completo a la escuadra española bajo el mando del Almirante Patricio Montojo, marcando un punto de inflexión en el declive del Imperio español y abriendo paso a la ocupación estadounidense de Filipinas. - Emilio Aguinaldo regresó a Filipinas con apoyo estadounidense en mayo de 1898, retomando el liderazgo del movimiento independentista, que después en derrotaría a la flota española. Proclamación de Independencia: Tras la victoria en Cavite, Aguinaldo proclamó la independencia de Filipinas el 12 de junio de 1898, estableciendo la primera República Filipina.
- Conflicto con EE. UU.: A pesar de las promesas, EE. UU. no reconoció la independencia filipina, lo que llevó a Aguinaldo a declarar la guerra a los Estados Unidos en febrero de 1899, iniciando la Guerra Filipino – Estadounidense, donde murieron más de un millón de filipinos, es decir salieron de las brasas para caer al brasero, así durante 48 años fueron dominados por los estados unidos.
Quinto caso – Nicaragua (1909-1912), EE. UU, apoyó la rebelión contra José Santos Zelaya y desembarcó tropas en la Costa de los Mosquitos en 1910, iniciando una ocupación prolongada motivada por el interés en controlar un posible canal interoceánico y asegurar su influencia estratégica en la región.
El presidente José Santos Zelaya, señalo que les impondría aranceles a las empresas de estados unidos y además, buscaba colaborar con Alemania o Japón para la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua, lo que alarmó a Estados Unidos, que veía amenazado el recién asegurado Canal de Panamá. La situación se agravó cuando Zelaya ordenó la ejecución de dos ciudadanos estadounidenses que apoyaban la revuelta conservadora de Juan José Estrada, lo que sirvió de justificación para la intervención directa. En noviembre de 1909, buques de guerra estadounidenses llegaron a Nicaragua, y en mayo de 1910 se produjo el desembarco de marines, iniciando una ocupación militar que permitió establecer un gobierno afín a Washington y sentar las bases de una prolongada dominación.
La primera invasión y ocupación significativa comenzó el 4 de agosto de 1912, en el marco de las Guerras Bananeras, con el objetivo de proteger los intereses estratégicos de Estados Unidos y asegurar el control de un posible canal interoceánico. Desde entonces, Nicaragua se convirtió en un cuasi protectorado estadounidense, bajo un régimen de fuerte control político y económico que se extendió —con interrupciones y nuevas intervenciones— hasta 1933.
Para entonces, Estados Unidos impulsaba la «Diplomacia del Dólar», una política exterior destinada a proteger sus intereses económicos y estratégicos en América Central y el Caribe. Entre estos intereses destacaban el eventual control de una ruta canalera (que se consolidaría en Panamá) y la protección de inversiones de empresas estadounidenses de banano y café. Esta fue otra oportunidad para crear en la presa por medio de titulares en contra del presidente Santos Zelaya, diciendo que era un dictador, un tirano, lo que postre sabemos que en la opinión pública lo que dicen los medios es verdad sin cuestionar ni contractar la información.
Sexto caso: 1911, Honduras, acá la potencia emergente pone sus ojos en el presidente Miguel Dávila.
No hubo una «invasión» a gran escala de EE.UU. en Honduras en el año 1911 sino varias intervenciones militares y presencias de tropas estadounidenses, especialmente a principios del siglo XX (las «Guerras del Plátano») por intereses económicos (United Fruit Company) y políticas (apoyando gobiernos o en conflictos como la Guerra de Honduras de 1907), y la Operación Faisán Dorado en 1988, una respuesta militar rápida a una incursión nicaragüense, no una invasión a Honduras.
El 11 de septiembre de 1919 los “marines” estadounidenses invadieron una vez más Honduras, en un acto de agresión militar. El pretexto fue enviar una fuerza militar al país con el fin de mantener el orden en una zona “neutral” ante movimientos políticos que podrían ser contrarios a los intereses norteamericanos.
La de 1919 fue la quinta invasión norteamericana a Honduras desde 1903. Solo en el primer cuarto del siglo XX se realizaron en total siete invasiones militares: 1903, 1907, 1911, 1912, 1919, 1924 y 1925, mientras la United Fruit Company y la Standard Fruit Company dominaban el sector clave de exportación de bananas y sociedades tenedoras de tierras y vías ferroviarias, las tropas estadounidenses ocuparon el país cuando mejor les venía en gana.
Los principales conflictos se dieron por las empresas de bananas cuyo principal dueño no quería pagar aranceles y creo una milicia privada para hacer un golpe de estado, al presidente en ejercicio Miguel Dávila, lo cual al final sucedió con el apoyo de estados unidos, quien intervino exigiendo un alto al fuego, haciendo dimitir a Dávila, instalando a Manuel Bonilla, quien era pro estados unidos, y ayudo de sobre manera a Samuel Zemurray, “The banana man”, entregándole tierras y una ventaja no vista hasta ese entonces en el país, donde él podía importar lo que quisiera sin pagar impuestos, también le entrego reembolsos con fondos del gobierno por las pérdidas sufridas en el ataque que él mismo había orquestado.
En el año1950 se crea la «CIA» en EE.UU, esto facilito el arte del país del norte para orquestar golpes de estado e intervenciones armadas, y para entonces ya era una super potencia militar.
Séptimo caso: 1953 Irán fue el siguiente objetivo, por querer nacionalizar el petróleo.
La decisión de Mohammad Mossadegh de nacionalizar la industria petrolera no fue un gesto aislado, sino parte de un proyecto más amplio de afirmación nacional. Al desafiar a la Anglo-Iranian Oil Company, Mossadegh buscaba romper con la dependencia colonial y redistribuir beneficios hacia el pueblo iraní. Sin embargo, esta medida fue interpretada por el Reino Unido como una amenaza directa a su seguridad energética y por Estados Unidos como un riesgo geopolítico en plena Guerra Fría.
El golpe no puede entenderse sin el contexto de la doctrina de contención estadounidense. Washington temía que la crisis política en Irán abriera espacio para la influencia soviética. La CIA, junto con el MI6 británico, diseñó una operación que combinó propaganda, sobornos y manipulación social para desestabilizar al gobierno democrático. El comunismo fue utilizado como pretexto, pero el verdadero motor fue la defensa de intereses petroleros y estratégicos.
La reinstauración del Sha Mohammad Reza Pahlavi significó el retorno a un régimen autoritario sostenido por Occidente. El Sha se convirtió en garante de los intereses estadounidenses y británicos, pero a costa de represión política, censura y persecución de opositores. La fractura entre Estado y sociedad se profundizó, incubando el descontento que estallaría en la Revolución Islámica de 1979.
El golpe de 1953 es recordado en Irán como un acto de traición a la democracia. La desclasificación de documentos en Estados Unidos confirmó la participación directa de la CIA, lo que reforzó la narrativa iraní de victimización frente a Occidente. Este hecho explica en gran medida la hostilidad persistente hacia Washington, visible en la política exterior iraní contemporánea y en su rechazo a cualquier injerencia externa.
Estados Unidos y el Reino Unido, pagaron sobornos a lideres políticos, religiosos y militares para que hicieran declaraciones y escribieran en la prensa en contra del primer ministro Mohammad Mossadegh, para que se generalizara una opinión a favor de la intervención de ambas potencias militares, y así justificar la intervención.
Octavo Caso: 1954 Guatemala, EE.UU uso la misma estrategia que con el primer ministro Iraní, pero ahora contra Jacobo Árbenz Guzmán.
El golpe de Estado contra Jacobo Árbenz comenzó la noche del 18 de junio de 1954, cuando cerca de 500 soldados al mando del coronel Carlos Castillo Armas cruzaron la frontera desde Honduras con el objetivo de poner fin a su gobierno; más de una semana después, la ofensiva avanzaba sin detenerse hacia la capital mientras aviones de guerra sobrevolaban la ciudad y obligaban a la familia presidencial a escapar, en un contexto en el que, según el historiador uruguayo Roberto García Ferreira, la llegada de Árbenz al poder en 1951 había significado un cambio inédito para Guatemala, pues en un país con características casi feudales impulsó medidas progresistas como la reforma agraria, destinadas a enfrentar el atraso y la desigual distribución de la tierra, donde tres cuartas partes de la población controlaban menos del 10% del territorio cultivable.
Mientras la United Fruit Company controlaba más del 50% de los terrenos cultivables en Guatemala, aunque apenas utilizaba un pequeño 3% para la producción, el presidente Jacobo Árbenz impulsó una reforma agraria destinada a redistribuir esas tierras y favorecer a los campesinos más pobres. Estas medidas, percibidas como un cambio social inédito por amplios sectores populares, despertaron entusiasmo y esperanza en la población rural, pero al mismo tiempo generaron una fuerte oposición de los grandes terratenientes y de la propia compañía estadounidense, que veía amenazado su monopolio. En el contexto de la Guerra Fría, esa resistencia se tradujo en una campaña de deslegitimación que acusaba falsamente a Árbenz de comunista, lo que sirvió de justificación para promover una invasión apoyada por Estados Unidos, con mercenarios entrenados en su territorio y en Honduras, marcando el inicio de una ofensiva que buscaba frenar cualquier intento de autonomía económica y política en la región.
Según el historiador Roberto García Ferreira, el gobierno de Jacobo Árbenz generó temor tanto en Estados Unidos como en varios países latinoamericanos, que veían en su reforma social un ejemplo capaz de extenderse por la región; así, en plena Guerra Fría, se produjo un “encuentro de agendas” entre Washington, preocupado por un posible satélite soviético en su zona de influencia, y los regímenes de facto de Cuba, Honduras, Nicaragua, Venezuela y República Dominicana, que presionaron para frenar la experiencia guatemalteca. A ello se sumaron las críticas internas, pues al quedar aislado de otras fuerzas políticas, Árbenz se apoyó en el Partido Guatemalteco del Trabajo, de orientación comunista, lo que facilitó su deslegitimación en un contexto internacional marcado por la persecución y el miedo hacia esa ideología.
Para muchos, el acercamiento de Jacobo Árbenz al Partido Guatemalteco del Trabajo fue interpretado como un intento de trasladar el modelo soviético a Guatemala; sin embargo, como explica el historiador Roberto García Ferreira, la Unión Soviética no tenía entonces interés en la región, pues tras la muerte de Stalin en 1953 estaba más ocupada en sus propios problemas. Las reformas de Árbenz, más que comunistas, estaban inspiradas en los ideales de la Revolución Mexicana y contaban con asesores vinculados a esa experiencia. Pese a ello, la percepción de amenaza bastó para que la CIA decidiera intervenir mediante la operación encubierta PBSUCCESS, concebida como un experimento que serviría de laboratorio para futuras acciones de Estados Unidos en América Latina.
Cuando los aviones comenzaron a bombardear la Ciudad de Guatemala en junio de 1954, la presión militar y política se intensificó hasta provocar la deserción de los oficiales más cercanos al presidente, lo que derivó en su renuncia el 27 de junio a las 9:00 PM, con el propósito declarado de preservar las conquistas democráticas de la Revolución. Este hecho, considerado una traición por algunos contemporáneos, marcó el fin de un proyecto reformista y abrió un periodo de inestabilidad que, según numerosos historiadores, fue el preludio de la Guerra Civil guatemalteca, conflicto que durante más de tres décadas dejó un saldo trágico de más de 250.000 muertos y alrededor de 50.000 desaparecidos, consolidando un legado que aún genera controversias y permanece como un tema sensible en la memoria histórica del país.
Con ello se evidencia la forma en que Estados Unidos buscaba ejercer control sobre otros países, interviniendo en sectores estratégicos como la electricidad, los ferrocarriles, las bananas y cuando el presidente Árbenz expropio la tierra, para ser entregada a los campesinos con el fin de combatir la pobreza, esto no cayó bien en la potencia del norte que tenía otros planes: imponer su modelo de “democracia” más allá de cualquier frontera, en una lógica expansiva que recuerda, en su afán de dominación, a lo que en su momento intentó Hitler.
Se instalo un presidente a fin con EE.UU Carlos Castillo Armas excoronel exiliado por Jacobo Árbenz, quien al final lidero al ejercito golpista.
Noveno Caso: 1954, Paraguay, presidente Federico Chávez.
El golpe militar en Paraguay se consolidó el 4 de mayo de 1954, cuando el general Alfredo Stroessner tomó el poder tras derrocar al presidente Federico Chávez, instaurando una dictadura que se prolongó por más de 35 años hasta 1989. Stroessner se convirtió en uno de los dictadores más longevos de América Latina, gobernando bajo el lema de “orden y progreso” pero sosteniendo un régimen de represión, censura y persecución política. Durante su gobierno se registraron centenares de desaparecidos, miles de presos políticos y exiliados, además de un sistema de vigilancia y tortura sistemática contra opositores.
La dictadura paraguaya se integró plenamente en la Operación Cóndor, la red represiva coordinada entre las dictaduras del Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia y Brasil) con apoyo de la CIA y el beneplácito de Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría. Stroessner mantuvo relaciones estrechas con Washington, que lo consideraba un aliado confiable contra el comunismo, y recibió respaldo político y militar de sucesivas administraciones estadounidenses, incluyendo la de Richard Nixon y la influencia de Henry Kissinger en la política hemisférica.
El régimen de Stroessner se caracterizó por su longevidad y por la combinación de represión con clientelismo político a través del Partido Colorado, que funcionaba como sostén institucional de la dictadura. La caída del régimen en 1989, tras un golpe interno liderado por el general Andrés Rodríguez, abrió el camino a la transición democrática, aunque las huellas de la represión y el autoritarismo marcaron profundamente la sociedad paraguaya.
Décimo Caso: 1960, República Democrática del Congo.
En 1960, la participación de Estados Unidos en el Congo no se tradujo en una invasión militar directa, sino en una intervención política encubierta propia de la lógica de la Guerra Fría. Tras la independencia del Congo Belga y el estallido de crisis internas con secesiones como la de Katanga, Washington temía que el país se alineara con la Unión Soviética. Por ello, a través de la CIA, impulsó programas secretos para debilitar al primer ministro Patrice Lumumba, considerado cercano a Moscú. La idea de estados unidos fue fortalecer a líderes prooccidentales como Joseph Mobutu mediante subsidios y asesoramiento, además se asociaron con lideres opositores, sobornaron a políticos y financiaron protestas, hicieron correr propaganda de desprestigio en contra de Lumumba, y se unieron al ex país colonizador del Congo 8elgica).
En 1964 hubo una operación militar conjunta entre estados unidos y Bélgica para rescatar rehenes (Operación Dragón Rojo), la estrategia inicial de 1960 se centró en maniobras políticas y de inteligencia destinadas a asegurar recursos estratégicos como el uranio y consolidar un aliado clave contra el comunismo en África, más que en desplegar tropas de invasión, por supuesto la CIA estuvo hay entregado información, y financiado la propaganda para desestabilizar al gobierno.
“Al igual que en otros casos, la existencia de mercancías estratégicas —como tierras raras, petróleo, cobre, litio o uranio— constituye para Estados Unidos la principal razón para promover la caída de gobiernos democráticamente elegidos en distintas partes del mundo.”
Décimo Primer Caso: 1961, es el turno de La República Dominicana, según estados unidos había una cuestionable dictadura a manos de Rafael Trujillo.
El punto es que estados unidos señala a la Isla como objetivo central y de su interés pues en cualquier momento podía estallar una revolución comunista, lo cual no se podía permitir.
El 28 de abril de 1965, en medio de la Guerra Fría y tras la crisis política que siguió al derrocamiento de Juan Bosch, Estados Unidos invadió República Dominicana bajo el pretexto de frenar el comunismo y brindar “ayuda humanitaria”, enviando marines que rápidamente aseguraron una “zona de seguridad” en torno a su embajada; la intervención, respaldada por la Doctrina de Seguridad Nacional, sofocó la Revolución Constitucionalista que buscaba restituir la constitución progresista de 1963 y reinstalar a Bosch, y terminó consolidando un gobierno de coalición que derivó en las elecciones de 1966, donde Joaquín Balaguer se impuso con apoyo de la propaganda derechista y la presencia militar estadounidense, perpetuando así la influencia imperialista en la isla y evitando que se convirtiera en una “segunda Cuba”.
Décimo Segundo Caso: 1964, Brasil, presidente João Goulart.
El golpe militar en Brasil ocurrió entre el 31 de marzo y el 1 de abril de 1964, derrocando al presidente João Goulart e inaugurando una dictadura que duró hasta 1985. Estados Unidos, a través de la CIA y bajo la administración de Lyndon B. Johnson (con la influencia de figuras como Richard Nixon y Henry Kissinger en la política hemisférica), apoyó activamente el golpe mediante financiamiento, logística y la llamada “Operación Brother Sam”.
Contexto del Golpe de 1964 en Brasil.
- Fecha clave: 31 de marzo – 1 de abril de 1964.
- Presidente derrocado: João Goulart, conocido como “Jango”, quien impulsaba reformas de base (agraria, educativa, sindical) y mantenía un discurso nacionalista que incomodaba a las élites y a Washington.
- Líderes golpistas: Generales Humberto de Castelo Branco, Artur da Costa e Silva, y el coronel Olympio Mourão Filho.
- Resultado inmediato: Inicio de una dictadura militar que se prolongó hasta 1985, con sucesivos gobiernos militares, represión política, censura y persecución de opositores.
- Participación de Estados Unidos
- Operación Brother Sam: Washington preparó un despliegue naval frente a las costas brasileñas para abastecer de combustible y armas a los golpistas en caso de resistencia popular.
- CIA: Documentos desclasificados muestran que la CIA financió campañas de propaganda contra Goulart y apoyó a sectores militares y empresariales.
- Lyndon B. Johnson: Aunque Nixon y Kissinger serían más influyentes en golpes posteriores (Chile 1973, Bolivia 1971), la administración Johnson fue la que dio luz verde al golpe en Brasil, en plena Guerra Fría.
- Motivación: Temor a que Brasil se convirtiera en una “segunda Cuba” por las reformas de Goulart y su cercanía con sindicatos y movimientos campesinos.
Décimo Tercer Caso: 1968, Perú, presidente Fernando Belaúnde Terry.
El golpe militar en Perú se produjo el 3 de octubre de 1968, cuando el general Juan Velasco Alvarado derrocó al presidente Fernando Belaúnde Terry e instauró un régimen militar que se prolongó hasta 1980. A diferencia de otros golpes del Cono Sur, el de Perú tuvo un carácter nacionalista y reformista, con medidas como la reforma agraria, la nacionalización de la International Petroleum Company (IPC) y la creación de empresas estatales estratégicas. El gobierno de Velasco buscó distanciarse de la influencia de Estados Unidos, lo que generó tensiones con Washington y con la CIA, que veía con preocupación el giro hacia políticas de corte antiimperialista y la cercanía con Cuba y la Unión Soviética.
En contraste con los golpes de Brasil (1964), Bolivia (1971), Uruguay (1973) y Argentina (1976), el caso peruano no se inscribió directamente en la Operación Cóndor, aunque posteriormente, bajo el gobierno del general Francisco Morales Bermúdez (1975–1980), Perú sí se alineó con las dictaduras del Cono Sur y colaboró en la coordinación represiva regional. Durante la dictadura militar peruana se registraron violaciones a los derechos humanos, persecución política y censura, aunque en menor escala que en Argentina o Chile. El golpe de 1968 marcó un hito porque mostró que en la región también existían proyectos militares con un discurso de soberanía nacional y justicia social, aunque finalmente terminaron debilitados por la crisis económica y las presiones internacionales.
Décimo Cuarto Caso: 1971, Bolivia, derrocan al presidente de Juan José Torres.
El golpe militar en Bolivia del 18 de agosto de 1971 fue encabezado por el general Hugo Banzer contra el gobierno de Juan José Torres, con un saldo de más de 100 muertos y alrededor de 50 heridos, y contó con apoyo directo de Estados Unidos, la CIA y la administración de Richard Nixon bajo la influencia de Henry Kissinger.
El golpe de Estado de 1971 en Bolivia marcó un hito en la historia política del país. El general Juan José Torres había llegado al poder en octubre de 1970 con un proyecto nacionalista de izquierda, antiimperialista y cercano a los movimientos obreros y campesinos. Sin embargo, el 18 de agosto de 1971, el general Hugo Banzer Suárez, junto con el coronel Andrés Selich, lideró un levantamiento militar que derrocó a Torres. El golpe dejó más de 100 muertos y unos 50 heridos, además de denuncias de persecuciones, desapariciones y represión sistemática contra sindicalistas y opositores. Documentos desclasificados del Departamento de Estado revelan que el presidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, discutieron
Décimo Quinto Caso: 1973, Uruguay, Presidente Juan María Bordaberry.
El golpe de Estado en Uruguay se consolidó el 27 de junio de 1973, cuando el presidente Juan María Bordaberry, apoyado por las Fuerzas Armadas, disolvió el Parlamento y dio inicio a una dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1985. El régimen justificó su acción en la lucha contra la guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, pero rápidamente derivó en una represión sistemática contra sindicatos, estudiantes y opositores políticos. Durante esos años se registraron centenares de presos políticos, torturas generalizadas y más de 200 desaparecidos, muchos de ellos en el marco de la Operación Cóndor, la coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.
Estados Unidos, en plena Guerra Fría, respaldó la dictadura uruguaya como parte de su estrategia de contención del comunismo en América Latina. La CIA mantuvo vínculos con los servicios de inteligencia uruguayos y la administración de Richard Nixon, bajo la influencia de Henry Kissinger, alentó la represión “rápida y eficaz” contra la insurgencia, en línea con lo ocurrido en Brasil (1964), Bolivia (1971), Chile (1973) y Argentina (1976). El golpe en Uruguay, aunque inicialmente presentado como una “medida excepcional”, consolidó un régimen autoritario que dejó una profunda huella de violencia política y violaciones a los derechos humanos, inscrito en la misma lógica continental de dictaduras militares apoyadas por Washington.
Décimo Sexto Caso: 1973, Chile, presidente derrocado Salvador Allende Gossens.
El 11 de septiembre de 1973, Chile vivió el golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, hecho que no puede entenderse sin la intervención de Estados Unidos: desde 1970, el gobierno de Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger ordenaron a la CIA financiar partidos opositores, gremios y medios como El Mercurio, además de promover huelgas y sabotajes económicos para “hacer chillar la economía” e impedir la consolidación del proyecto socialista de la Unidad Popular; tras años de desestabilización, el bombardeo a La Moneda y la muerte de Allende marcaron el inicio de una dictadura militar que se prolongó hasta 1990, con Pinochet al mando y con el respaldo político y económico de Washington, convirtiendo a Chile en un laboratorio del neoliberalismo y en un símbolo de la injerencia estadounidense en América Latina durante la Guerra Fría.
Represión, víctimas y hechos emblemáticos de la dictadura en Chile
- Bombardeo a La Moneda (11 de septiembre de 1973): El golpe militar encabezado por Augusto Pinochet comenzó con el ataque aéreo y terrestre al Palacio de La Moneda, donde murió el presidente Salvador Allende. Este hecho simbolizó el inicio de la dictadura y la violencia institucionalizada.
- Muertos y desaparecidos: Durante el régimen militar (1973–1990), se registraron más de 3.000 víctimas directas entre ejecutados políticos y detenidos desaparecidos, además de decenas de miles de personas que sufrieron prisión política, torturas y exilio.
- Asesinato del general Carlos Prats (30 de septiembre de 1974): Excomandante en jefe del Ejército y opositor al golpe, fue asesinado junto a su esposa Sofía Cuthbert en Buenos Aires por un atentado con coche bomba, ejecutado por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) en el marco de la Operación Cóndor, con coordinación internacional de las dictaduras del Cono Sur.
Otros crímenes emblemáticos:
- Caso de los 119 (1975): Operación Colombo, montaje comunicacional para encubrir la desaparición de opositores.
- Caravana de la Muerte (1973): Escuadrones militares recorrieron el país ejecutando a decenas de prisioneros políticos.
- Villa Grimaldi y Londres 38: Centros de detención y tortura donde cientos de opositores fueron desaparecidos.
Décimo Octavo Caso: 1976, Argentina, presidenta Isabel Perón.
El golpe militar en Argentina del 24 de marzo de 1976 derrocó a Isabel Perón y dio inicio al Proceso de Reorganización Nacional, una dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, que se prolongó hasta 1983 y dejó un saldo de alrededor de 30.000 desaparecidos, miles de asesinatos y exilios forzados. Este régimen se inscribió en la lógica de la Operación Cóndor, coordinada entre las dictaduras del Cono Sur con apoyo de la CIA y el beneplácito de Estados Unidos, donde figuras como Henry Kissinger alentaron a la Junta a actuar con rapidez en su “lucha contra la subversión”. El golpe argentino, al igual que los de Brasil en 1964 y Bolivia en 1971, se convirtió en un engranaje de la estrategia continental impulsada por Washington durante la Guerra Fría, destinada a frenar proyectos reformistas y de izquierda en América Latina, consolidando dictaduras militares que recurrieron al terrorismo de Estado como método de control político y social.
Décimo Noveno Caso: 2026 Venezuela, Presidente Hugo Chávez.
En enero de 2026, Venezuela vive una crisis política inédita tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses; Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina, mientras la oposición encabezada por María Corina Machado y Edmundo González proclama el inicio de una transición hacia la “libertad”, en un escenario marcado por la intervención directa de EE.UU. y el control estratégico de los recursos petroleros.
Contexto actual de Venezuela en 2026: Hechos recientes
- 3 de enero de 2026: Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron capturados en una operación militar estadounidense, generando un vacío de poder.
- Delcy Rodríguez juró como presidenta interina por orden del Tribunal Supremo de Justicia, aunque la oposición la considera un gobierno “temporal”.
- Edmundo González Urrutia es reconocido por sectores opositores como presidente de iure, con María Corina Machado designada vicepresidenta.
- EE.UU. anunció un plan de tres fases para Venezuela: estabilización, recuperación y transición, con control directo sobre el petróleo.
Actores principales:
- María Corina Machado: líder opositora, Premio Nobel de la Paz, insiste en que el proceso de transición debe ser rápido y definitivo.
- Delcy Rodríguez: presidenta interina, considerada por la oposición como una figura transitoria sin legitimidad plena.
- Donald Trump: presidente de EE.UU., lideró la operación militar y ha declarado que Venezuela comprará exclusivamente productos estadounidenses con ingresos petroleros.
Implicaciones de la intervención - Control de recursos: EE.UU. busca asegurar el petróleo venezolano como parte de su estrategia energética.
- Transición política: la oposición proclama 2026 como el “año de la libertad”, pero el futuro institucional depende de la negociación entre actores internos y externos.
- Geopolítica regional: la captura de Maduro marca un precedente en América Latina, reactivando debates sobre soberanía y la legitimidad de intervenciones militares.
En resumen:
A lo largo de la historia, la intervención de Estados Unidos en diversas democracias y gobiernos soberanos se ha justificado bajo el discurso de la “seguridad interna” y la defensa de la libertad, pero en la práctica ha respondido a intereses económicos, estratégicos y geopolíticos: desde el azúcar en Hawái y las bananas en Centroamérica, hasta el petróleo en Irán, el uranio en el Congo y el control de rutas marítimas en el Caribe y el Pacífico; en cada caso, se promovieron golpes de Estado, invasiones o campañas de deslegitimación para instalar gobiernos afines, proteger empresas estadounidenses y frenar proyectos nacionalistas o reformistas, especialmente durante la Guerra Fría, consolidando un patrón de dominación que debilitó democracias locales y perpetuó dictaduras bajo el amparo de Washington.
Deja una respuesta